3- DE POZA SUSO Y POZA YUSO

A esta etapa de inestabilidad le sucederán ya en el siglo IX las primeras repoblaciones. El primer núcleo de población llamado Poza (del latín putea, pozos), debe existir ya en este siglo en la parte alta del Salero, en la ladera noreste de El  Castellar –nombre con el que se conoce en Poza el macizo de ofita-, pues en las fuentes documentales ya aparece registrado a principios del siglo X. En este primer emplazamiento está documentada una primera fortificación y, hasta finales del siglo XII, un monasterio benedictino, bajo la advocación de los Santos Justo y Pastor, que gestionaba las propiedades que el monasterio de San Pedro de Cardeña poseía en Poza al menos desde el año 937 -primera referencia documental a la explotación de las salinas recogida en el Becerro Gótico de Cardeña-.

Ya desde el siglo X estas salinas se perfilan como uno de los núcleos productores de sal más importantes de la zona norte, asociadas a propietarios como la familia de Fernán González –García Fernández concede en dote a su hija doña Urraca entre otras propiedades y derechos la mitad de un pozo en las salinas de Poza, y el Conde don Sancho cuando funda el Monasterio de Oña a favor de su hija Tigridia, dona varias salinas y un manantial que desde entonces se conoce como Pozo Cuende (Pozo del Conde) y ha dado nombre al valle en el que se ubicó-, los grandes monasterios de Burgos como Cardeña, Oña –a partir de su fundación en el año 1011-, Las Huelgas y otros, reyes de Castilla y España, y grandes familias de la nobleza.

El alfoz de Poza debió existir ya en el siglo X pues aparece perfectamente organizado en los primeros años del siglo XI, integrado por 103 pueblos, de los cuales hoy existen 43. Fue el más extenso de los que integraron posteriormente la Merindad de Bureba y uno de los cinco más grandes del territorio que hoy constituye la actual provincia de Burgos.

El antiguo núcleo de población de  Poza pasará a llamarse Poza Suso hasta su desaparición a finales del siglo XVI, cuando en Plena Edad Media, en el siglo XII, parte de la población se traslada y funda Poza Yuso en el emplazamiento actual de la villa. Madoz recoge en su Diccionario que la villa fue repoblada por segunda vez en 1135, durante el reinado de Alfonso VII, quien le concede fueros –probablemente el término hace referencia a las “repoblaciones” de Alfonso VII en su recuperación del territorio en manos de Alfonso I de Aragón, quien había nombrado como tenente del castillo de Poza a Sancho Juan-. Es posible que en este momento comience la construcción del castillo actual y la muralla.

En 1168 Alfonso VIII concede Poza y sus salinas en arras a Leonor de Inglaterra, su esposa, y en el año 1192 el Monasterio de San Pedro de Cardeña traspasa a este monarca todos sus derechos y propiedades en estas salinas, de tal manera que a principios del siglo XIII la obra de este monasterio en Poza ya es casi inexistente produciéndose el abandono del monasterio de los Santos Justo y Pastor y de la iglesia de Santa Eufemia.

A mediados del siglo XIII, en 1255, Alfonso X el Sabio publica su Fuero Real e intenta obtener el monopolio de las salinas, pero este control por parte de la Corona sólo se conseguiría, y con restricciones, en 1348, con Alfonso XI (el Ordenamiento de Alcalá de Henares del citado año sanciona en Castilla el “derecho de la Corona”, al margen de otros derechos de origen altomedieval).

En 1298 Fernando IV de Castilla, siendo regente María de Molina, otorga Poza y Pedrajas a Juan Rodríguez de Rojas, donación que Alfonso XI confirma medio siglo después. Poza deja de ser realengo para convertirse en señorío,  y esto será así hasta 1537 en que Carlos I crea el Marquesado de Poza a favor de uno de los descendientes de este linaje, también llamado Juan de Rojas.

La villa debió ser por su importancia económica un foco de atracción para la comunidad judía a lo largo del medievo, y de hecho al menos durante el último tercio del siglo XV -hasta 1492, fecha de su expulsión de Castilla- la aljama judía tiene en Poza una importancia social y económica considerable reflejada en las cargas tributarias que soportaba. La tradición señala como sinagoga judía la llamada Casa de Abid, o Casa de Abril como se ha conocido popularmente, sin embargo algunos especialistas no parecen estar de acuerdo con la ubicación de la aljama dentro de la muralla


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